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CACERIA DE PATOS

Enviado por opositor el 08/06/2010 a las 12:57 AM

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La derecha chilena tiene mucho trabajo. Hoy, al poder que ya tenían en las esferas de lo económico, lo comunicacional, lo religioso y lo castrense, suman el poder de administrar el Estado. ¿De verdad lo necesitaban? Podemos pensar que el apuro que pusieron los últimos años en lograr llegar al gobierno se debió a que la administración de la Concertación de los últimos gobiernos se volvió peligrosamente “humana” o “social” y todo lo “humano” y lo “social”, es para el neoliberalismo germen de resistencia al modelo.

Entonces, ¿por qué se les ve tan confundidos a los gobernantes a la hora de demostrar que pueden administrar el Estado, si pareciera que dominan el país, y aparentemente sin contrapesos? Porque con todo ese poder, no logran ponerse de acuerdo en la fórmula que van a aplicar para hacer de Chile un modelo refinado y de máxima eficiencia del neoliberalismo post crisis económica mundial. Pero esta confusión es pasajera, porque lo central lo tienen, desde siempre, muy claro.

Ellos saben que deben avanzar en la desarticulación social del país. Y para hacerlo, tienen que partir por el Estado. Deben transformarlo a él en un potente generador de nuevas riquezas, para los ricos de siempre, claro está, y simultáneamente desde él, desbaratar los nidos de organización social restándoles poder. Esta vez no van a llegar camiones con carapintadas; serán bonos a las personas, proyectos para las personas, recursos a las familias, y todo tipo de subsidios que le hagan al chileno innecesario recurrir a la organización social de base, a su comunidad, para resolver sus problemas.

Pero, repito, primero deben transformar al Estado. En sus propias palabras, racionalizar, hacer más eficiente, achicar, externalizar, modernizar, etc., etc. sinónimos todos de jibarizar o reducir hasta el ridículo el andamiaje estatal. Y en ello debemos advertir un peligro menos evidente.

Eliminar al Estado de la conciencia ciudadana nacional no es un objetivo político menor para la derecha gobernante. Se trata para ellos no sólo de “hacer más con menos”, y limarle los cuernos a la bestia negra del gasto fiscal, sino por sobre todo, de un objetivo ideológico.

Si la derecha logra disminuir la presencia social del Estado como ente regulador, como propulsor fundamental del bien común, como expresión de nuestros consensos nacionales, entonces estará quitándonos también nuestra conciencia de que es posible, desde y con la democracia, construir una patria para todos, organizadamente, con discusión política y con paz social.

En esta tarea ya comenzaron. Algunos creen que la derecha anda lento. No es verdad. Lo que algunos ven como señales de poca capacidad para gobernar, como los nombramientos tardíos, los conflictos de interés, las demoras en la ventas de Lan y Chilevisión, etc., no son más que otra expresión del nulo respeto que tiene por las mayorías.

Los ya más de mil funcionarios públicos despedidos a nivel nacional, y los 300 que aseguró la intendenta para la región, son una demostración de que los empresarios no se han demorado un día en la tarea de robarnos el Estado tal como lo conocemos. Y digo robarnos porque, insisto, no se trata sólo de cambiarlo en forma y fondo, sino de quitárnoslo de la conciencia como la máxima expresión de organización y herramienta de progreso social.

Lo que debemos entender es que hoy el gobierno ha comenzado disparándoles a los patos y la cacería le está resultando barata. La derecha va a seguir a sí hasta que seamos capaces de oponerle un combate de verdad. No existe, hoy, en Chile, un (01) actor social y/o político capaz de detener por si sólo este maremoto de “modernización”. Por eso hay que unirse. ¿O vamos a esperar a que vengan por los conejos?.

Murieta el Bandido

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